lunes, 20 de febrero de 2006

esa cosa monstruosa que hace que todo se vea diferente

1
Bebé Rocamadour, bebé bebé, Rocamadour:
Rocamadour, ya sé que es como un espejo. Estás durmiendo o mirándote los pies. Yo aquí sostengo un espejo y creo que sos vos. Pero no lo creo, te escribo porque no sabés leer. Si supieras no te escribiría o te escribiría cosas importantes. Alguna vez tendré que escribirte que te portes bien o que te abrigues. Parece increíble que alguna vez, Rocamadour. Ahora solamente te escribo en el espejo, de vez en cuando tengo que secarme el dedo porque se moja de lágrimas. ¿Por qué Rocamadour? No estoy triste, tu mamá es una pavota... (Rayuela Capítulo 32)
2
Encontrar una foto del dueño del gato abrazando a "desconocida", razón suficiente para echar rayos y centellas, no te quejes cariño, no estoy enojada, me estoy riendo, me da tanta risa que hayas logrado hacerme sentir celosa, es decir, me importas lo suficiente como para ponerme a decir, maldición maldición maldición malditamaldición... (horrorosa expresión si me preguntan pero cumple su función) y después nos hemos reído tanto...
3
Ven ese númerito de aquí arriba, desde ayer estoy poniendo números, por aquí y por allá. Una lágrima, dos lágrimas, seicientas treinta, seicientas treinta y una, lágrimas, lágrimas, porque se nos murió Rocamadour y La Maga le escribe una carta, que no siendo suficientemente jodido el asunto era para Horacio, y hoy que no soporto a Horacio ( y tú poeta?) pero tengo que aceptar que tiene toda la razón cuando dice que estoy usando palabras. Y los números son todavía peores que las palabras. Y me siento también una pavota por usar números que además son una palabra y no poder encontrar ni aquí, ni allá o entonces o mañana o siempre una forma de decir pero no con las palabras, y luego las fotos, una foto, dos fotos, tres fotos... una furia, un desencanto, dos qué está pasando y muchos muchos malos pensamientos y todavía más, muchas más maldiciones... y los adverbios, cuántos adverbios, mejor no volteo.
(y hoy los tiempos verbales también me valen madres)
Es el enamoramiento sin duda, te cambia, te muta, te metamorfosea... y en mi cabeza ya fría, sólo puedo pensar en que las cosas no eran así, y la dosis barranqueña, porque Emily estaba dormido, por un buen rato fue a cappela:
No mentalices
como si fuera esta noche la última vez
Bésame y no mentalices
que tengo miedo a perderte, perderte después.
Y cuando creo que todo está en mi contra, te encuentro en tu boca.

(y otra vez coincidimos en rola y en versión mi querido Fran)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

y una vez más, una de esas "coincidencias" (que quizá ya no lo son) que te sacuden...

te voy a mandar un mail, y sabrás de lo que hablo... atenti...

Anónimo dijo...

... tan sólo soy alguien que busca el sol, igual que tú ...

Muchas gracias, por ser, por estar, un gran abrazo.