Lo visible oculta lo invisible, por lo tanto seguiré buscando mi centro indestructible.
lunes, 22 de noviembre de 2010
*cursor que titila*
domingo, 17 de octubre de 2010
Humo
Desaparece el frío.
A lo lejos esferas opacas cambian de color. El sonido.
Los pies están cansados aunque ya no lo sientas. No te excedas.
Arriba la luz BRILLANTE de la Luna. Hipnótica.
Parpadea, aclara la mirada. Eres el piloto. Disfruta. Vamos para arriba.
Cierra los ojos, siente el sonido atravesándote. Enormes oleadas de sonido. Imágenes proyectándose en la mente
[recuerdosideassensacionestemorestúevasionhacialugaressegurosparasentir]
Bailar, pero el movimiento interrumpe las vibraciones. Aún no es momento de bailar.
Quieta.
Abre los ojos. El espacio es diferente. Niveles. Escalones que surgen por efectos de luz.
Tienes que subir el escalón. Ese escalón que no está frente a ti ahora, pero puedes verlo.
En la espalda de alguien El ojo con GIGANTES lágrimas. Fijar la mirada. Zoom.
Tan claro que parece no ser posible:
Sube el escalón ya lloraste demasiado.
Gente en movimiento. Apenas el roce delicado de los cuerpos. Siente el calor que emiten al pasar.
El calor se pierde principalmente por la cabeza. Incontables cabezas alrededor. Si pudiera verlo!
Tweet fantasma: Digan al piloto que no voy a aterrizar.
22:42
Brillante, brillante la luz del celular. No va a salir, sabemos.
Y ahora sí brincotea, baila. Ya no se interrumpe la sensación.
No pasa el tiempo.
Rostros no conocidos, expectantes. Voces al unísono.
Sonido omnipresente. Las Voces.
Silencio. Oscuridad.
No la van a tocar. Gritos.
Stop!!!!!!!!!!
Los Pixies. No hay más que decir.
viernes, 10 de septiembre de 2010
Bolt


lunes, 5 de julio de 2010
Como veo doy

La relación sentimental perfecta es aquella que responde con exactitud a la fórmula COMO VEO DOY. En el momento que uno empieza a dar más que el otro, puede considerarse completamente jodido. Sólo en el equilibrio, es posible encontrar la perfección.
Por eso, la relación perfecta tiene que ser entre dos que pueden dar y recibir exactamente lo mismo. Si tomamos esto al pie de la letra, sólo la pareja homosexual puede ser perfecta. Pero creo que nos hemos curado ya de absolutismos y payasadas, le digo a ella, mientras me mira con cara de “estás pachequeando otra vez”.
Tengo ganas de algo dulce, me dice. Le sonrío. Con ella he tenido que aprender a entender de más de una forma lo que dice. Quiero algo dulce puede significar en un plano sencillo para cualquier mortal, que quiere una nieve, un flan, una dona, un algodón de azúcar. Pero ella puede llevarlo todo más allá. Quiero algo dulce también puede ser una forma de pedirme que la trate bien, que tengamos algo bonito.
Cuando no sé cuál de los dos significados es el más probable, entonces trato de satisfacer los dos, así que le
digo que vayamos por un helado, mientras la abrazo frente a todo el mundo y le digo lo feliz que soy porque está ahí, conmigo.
Subimos a las bicicletas con rumbo a la heladería, un trayecto corto en un lugar pequeño. Sobre nosotras, la
tarde nublada, entre nosotras, sólo el aire húmedo y frío. Una de mis manos suelta el manubrio y busca la
suya. Nos tomamos de las manos, ella nerviosa porque se siente insegura, su mano izquierda es la que dirige la bicicleta. Además, es especialista en perder el control, en la melancolía del naufragio.
Avanzamos un rato así, en paralelo, y lamentablemente soy yo quien tiene que soltarse primero, para maniobrar. En una mente tan minuciosa como la de ella, un gesto así podía desencadenar tragedias… la creo capaz de exigir una doble caída estrepitosa con tal de no soltarnos. Casi la puedo ver limpiándome los raspones, muy divertida y haciéndome sufrir un poco. Me ve titubear, se ríe, su pelo azul es oleaje con la velocidad del viento. Trago entonces saliva mezclada con la certeza de que voy perdiendo.
Sabes que pierdes cuando contemplarla limpiar las manchas de helado en la chaqueta, te parece mágico. Sabes que pierdes, pero no lo puedes asegurar, porque igual ella se queda absorta mirándote asegurar un bote de helado y un paquete de galletas en la canastilla de la bicicleta, encogiendo los hombros, en un gesto inútil por contener la llovizna que ahora cae. Es preciso regresar.
¿Te dormirás temprano? Pregunta. Es posible, le digo. Aunque tengo que trabajar un poco, ¿quieres venir
conmigo? Se queda pensativa, posiblemente tenga que correr un poco por la mañana para llegar a la escuela. Siento en ese momento que hay equilibrio, que aspirar a la perfección no es una locura inalcanzable. La tomo de la cintura y beso sus labios cálidos. No sé si se han dado cuenta pero sigue cayendo la llovizna y no nos importa, a nadie le importa.
Voy contigo. Dice muy resuelta. Su llegada a mi casa es siempre, un estira y afloja con los espacios. Mientras
escribo, ella deambula en la casa, vigila que las plantas tengan agua, que los estantes no tengan polvo, se sienta en la orilla de la cama, dándome la espalda y se depila las cejas.
Ojea los libros que tengo en el buró, se pone mis zapatos, prepara un par de sándwiches a modo de cena. Hablamos de cualquier cosa, chismes locales, estrellas de rock, sus compañeros de la escuela, mi trabajo, mi madre, mis ganas de cambiar tantas cosas.
Apago la laptop y me siento en la cama junto a ella. Recarga su cabeza en mi brazo y dice categóricamente
que esta noche sólo le apetece dormir y que la abrace. (Quiero algo dulce, hace eco en mi memoria). Me levanto a lavarme los dientes y me pongo la pijama. De regreso, la veo quitándose el sostén y comparando en el espejo su figura. Que tenga un cepillo de dientes y pijama en mi casa, me hace pensar en que ella pierde. Que mis ojos se queden pegados en su desnudez me hace pensar que ella gana.
Es una eterna lucha de poderes.
Se acuesta frente a mí y todavía, conversamos largo rato: sus miedos de salir de la escuela, las ideas que no sabe cómo transformar en cosas tangibles… ahora su voz es casi un susurro, a pesar de que no hay nadie que pudiera escucharla. No me doy cuenta desde cuando, pero estamos tomadas de la mano, me da las buenas noches y un beso que podría sugerir otros rituales ya ensayados. Nuestras frentes casi se tocan, me pasa el brazo por la cintura, su respiración me hipnotiza.
Recuerdo ahora aquella canción “Voy a perder la cabeza por tu amor”. Y con un delgado hilo de conciencia alcanzo a pensar que también hay equilibrio si ambas perdemos.
sábado, 26 de junio de 2010
...
lunes, 7 de junio de 2010
Señores que se van a las cuatro de la mañana
Los minutos pasan como queriendo aflojar los tornillos que mantienen en su lugar a la conciencia. La noche calurosa hace rodar por mi cuerpo gotas de sudor. Es un mucho de bochorno y un más de somnolencia. Un aire tibio entra por la ventana y el ruido de la calle, insolente. Resisto porque quiero verte dormir. Pero también, es la marca en la espalda, la que no deja que esté totalmente tranquila. Son tus dedos marcados. No recuerdo en qué momento me sujetaste tan fuerte, así como para tanto.
Debo confesar que lo último fue un exceso. Sobre todo porque yo no soy masoquista. No me gusta el dolor, no lo disfruto, no sé cómo convertirlo en placer. Sólo sé que es intenso y que lo intenso me gusta, pero hasta ahí. Me gustan las sensaciones intensas, como meterte de buenas a primeras bajo el chorro frío de la regadera y sentir que te brinca el alma.
Recorro mentalmente la sesión. Besos suaves, buscando a discreción cada milímetro en los labios del otro, el abrazo de las lenguas. Me gusta absorber tu aliento. Me gusta que vas lento, aunque sea de madrugada, y haga calor y pesen los ojos de sueño. Aunque, de hecho, no es necesario abrir los ojos.
Me gusta que te acuerdes de lo que te he dicho que me gusta. Que cada movimiento sea preciso, como ensayado. Es muy curioso que lleguemos hasta aquí, casi sin conocernos, pero sí sabiendo mover los hilos y con la conciencia plena de que hay conexiones precisas: la medida de las circunstancias.
Eres un pronombre que se escribió solo. Eres un adjetivo que cayó como anillo al dedo. Eres un verbo que taladra. Eres una historia con fe de erratas que nunca saldrán a la luz. Eres una zona de confort itinerante.
No creo en esas ideas románticas de “que somos uno mismo”. Ni siquiera en el momento en que me penetras. No. Somos dos individuos que se regalan un poco de intimidad y placer. Felicidad efímera, si me permites el pleonasmo.
Eres el necio que se despierta a las cuatro de la mañana, e insiste en arañar la noche buscando su propia cama.
Yo, ferviente creyente del “aquí y ahora”, no me incomodo en nada al ver que te vas. Ya te he regalado lo mejor que tengo.
Buenos días.
Cuando Rox, regrese de mochilear por el sur, tal vez suba este cuentito a No le cuentes a mi Padre.
sábado, 8 de mayo de 2010
Instrucciones para sobrevivir al calor
Primero, piense usted en una situación en la cual un bochorno le haya significado una sensación gratificante.
Si es usted todo un atleta, seguro vendrá a colación la vez que corrió para alcanzar el elevador un día de mucho tráfico y logró llegar a tiempo al trabajo.
Si es usted una persona como cualquiera otra, recordará sin duda el siempre bien apreciado bochorno posterior a un orgasmo.
Ahora bien, sabe usted que la mente, esa gran embustera, suele siempre jugar malas pasadas, y traer a colación molestias que se creían sepultadas. Volteè la jugada.
Convénzase a usted mismo de que el bochorno actual es producto de un orgasmo.* Pero convénzase realmente, sin dejar lugar a dudas de que lo que usted ha vivido hace unos segundos ha sido un orgasmo.
Y listo.
miércoles, 21 de abril de 2010
La naturaleza del vampiro.
En el imaginario colectivo, el vampiro o la vampira es ese ser sensual y calculador que domina la mente y logra que, a voluntad, se le entregue la presa rebozante de sangre.
O bien, un ser abominable cuya fuerza y fealdad arrebatan la vida a su víctima.
Retomemos sí, esa idea de seducción, la idea de control que te hace cautivo de su presencia. Retomemos también, la idea de sometimiento. Esas son sólo dos armas. Pero los recursos que tienen los vampiros son miles, han llegado incluso, a las redes sociales.
Que se queda con tus discos, libros y mascotas. Que te deja un espacio vacío en el que era su lado de la cama.
Otros vampiros, unos muy peligrosos, están sueltos entre nosotras, consumen poco a poco la voluntad de sus víctimas, las transforman en títeres que golpean una y otra vez, les destrozan el rostro, los lazos familiares. Desquician, acusan, despojan, apalean, hasta quitarles la vida, destrozan sus cuerpos en el afán de poseerlos y los dejan desnudos, abandonados, irreconocibles en los baldíos y las carreteras.
El vampiro, también puede ser inanimado, un artefacto multiforme y multifuncional que atraerá tu atención durante horas, que absorberá tus ideas para convertirlas en mierda, o te creará la ilusión de que estás en comunicación con otros. (Yo podría jurar que algunos de ustedes traen vampiros en los bolsillos).
Hay vampiros que esperan pacientes a que tus ideas den frutos y los arrebantan. Otros te endulzan el oído y te convencen de lanzarte a ciegas mientras complacidos, observan tu caída.
Hay vampiros que te llenan la cabeza con palabras y se alimentan de ese gesto, que muchas veces no ven, pero que saben que seguro provocan en ti mientras lees sus diatribas. O los escuchas leerlas.
Pueden salir a la calle esta noche y sentirse intranquilos sabiéndose rodeados de vampiros. O pueden mantener la calma y convencerse a si mismos de que sólo aquel que “brille” o explote con la luz del sol, es un vampiro.
Texto leído en la Noche Clandestina de Vampiros, el 16 de abril de 2010 en el Foro de la Comedia.
lunes, 12 de abril de 2010
Vampinoche


¿Quieren pasar la noche conmigo?
miércoles, 17 de febrero de 2010
Dos Saltos a la Fama
El primero. Tendría no más de 20 años cuando aparecí bajo el reflector por primera vez. Mi atuendo en esa ocasión era sencillamente exquisito: vestido blanco de seda que caía suavemente sobre mis senos y torneaba mis caderas y muslos, zapatos altos y una cadenciosa boa de plumas. Estoy convencida de que las plumas eran una exageración, pues mi rostro quedaba suficientemente bien enmarcado por mi barba. Sí, mi barba que era la causante de toda esa situación.
A nadie le importó entonces mi curvilínea figura, la frescura de mi piel, la negrura de mi pelo, el aroma entre mis muslos. Vaya, tenía una horripilante barba y una nula posibilidad de que un hombre me pretendiera. Era el principio de los ochentas y nos arrastrábamos de feria en feria, de pueblo en pueblo, con los últimos fragmentos de una insana costumbre que irremediablemente tenía que morir. Los circos de fenómenos ya no eran bienvenidos en una sociedad que había llegado a tal punto de civilización, que hacían colectas anuales para que esos fenómenos tuvieran un lugar en donde sentirse más cerca de la normalidad, aunque muchos de ellos terminaran invariablemente siendo parte de un circo.
El que pensé sería mi segundo salto, terminó en tragedia. Todo comenzó con la muerte de mi padre, cosa que no representaba una tragedia en lo más mínimo, pero sí desencadenó mi liberación del circo y con ello pude, al fin, deshacerme de la barba. Depilación con cera, cremas para inhibir el vello y un continuo sufrimiento fueron las herramientas, en esos tiempos la depilación con lasser era una fantasía. Una vez que mi apariencia fue la de una mujer normal, se dio la consecuencia lógica: me deshice de todo pudor y rastro de conciencia. Perdida como estaba en un ambiente que no conocía, tuve que echar mano de lo único que me pertenecía: mi cuerpo.
Ahí sí, tengo algo que agradecer al circo, pues fue dentro de él donde aprendí qué era lo que realmente vendía en este mundo de porquería: el sexo, sobre todo cuando se tienen dos. No era mi caso, pues tristemente, yo no pasaba de ser la repugnante mujer barbuda, quien había sido “bendecida” con ese don era, la mujer que había de convertirse en mi primer amor.
Kalesha, había sido siempre la estrella del circo, pero pocos sabían por qué. Las funciones de ella eran a puerta cerrada, con un selecto público dispuesto en dos círculos alrededor de una pequeña pasarela con un diván de terciopelo rojo. Cada noche aparecía ahí la bella Kalesha, caminaba sensualmente por la pasarela ataviada con una bata oriental y sonreía de un modo electrizante. Se sentaba en el diván y mostraba sus torneadas piernas, sus blancos hombros. Todos los ojos se posaban en ella de una forma que siempre envidié. Muy pronto, la bata resbalaba por su piel y mostraba sus pequeños senos y su turgente miembro.
Había dos ayudantes, hombre y mujer quienes aparecían completamente desnudos a excepción de las capuchas que ocultaban su identidad. Su función era representar con ella, las múltiples posibilidades del amor carnal. Su rutina favorita, porque creo que realmente la disfrutaban, era cuando el hombre penetraba a Kalesha desde atrás y así permanecían representando una pareja como cualquier otra, después la mujer se deslizaba debajo de ella y recibía la verga de Kalesha. En este punto, el público presente guardaba un sepulcral silencio, no era raro ver algunos que abandonaban la carpa, atormentados, quizá, por las imágenes vistas. Al final del acto, el hombre se retiraba y dejaba a ambas chicas sumidas en un fuerte abrazo, ellas continuaban unidas, hasta llegar al orgasmo.
En mis sueños, yo era aquella mujer y era poseída por Kalesha, podía sentir el roce de sus senos en el abrazo y despertaba con la mano en el sexo y el pelo y la barba completamente alborotados.
El dueño del circo, era el único que podía visitar a Kalesha, no era extraño verlo salir de su tienda por las mañanas. Poco a poco, yo logré acercarme a ella, la devoción que sentía era mucho más poderosa que cualquier advertencia. Los días en que el dueño del circo se quedaba dormido abrazado a una botella de whiskey, era ella la que se deslizaba a mi tienda. Sin temor a ser sorprendidas dábamos rienda suelta a la imaginación que despertaba en mí al contemplar su espectáculo. Ella me amó, sin que le importara ese atributo masculino que manchaba mi rostro, posiblemente, por que su cuerpo también era un evidente ejemplo de dualidad.
La muerte de mi padre rompió con todo aquello que me ataba al circo. Una noche, habiendo nulificado al dueño del circo, montaba a Kalesha mientras ella sujetaba fuertemente mi barba, entre jadeos y un absoluto frenesí, me acercaba ansiosamente al orgasmo. Miré a Kalesha y sus ojos se llenaron de miedo, sentí una mano jalando mi cabellera y caí al suelo. Lo siguiente que escuché fue un golpe seco, vi a mi padre en el suelo junto a mí, su lampiño rostro estaba totalmente contraído. “Eres igual de puta que tu madre”, fue lo último que me dijo. Como consecuencia lógica, ese escándalo provocó mi expulsión del circo y que no volviera a ver a quien pensé sería el amor de mi vida.
Pero volvamos a mi verdadera tragedia. Había aprendido muy bien sobre el magnífico placer que se brinda a través de los ojos y así, muy pronto conseguí resguardo en un elegante burdel. Pocas chicas se percataron de mis extraños hábitos depilatorios pues además de un rostro impecable, lucí siempre un pubis infantil, cualidad que no muchas mujeres ostentaban.
En aquellos días, frecuentaba el burdel un fotógrafo famoso que contaba con la admiración de muchas chicas, quienes ilusamente pensaban que las podría catapultar a la fama. Una de esas ilusas era yo y no sólo lo admiraba, terminé perdidamente enamorada.
Él tenía predilección por mí, y no se cansaba de alabar mi cuerpo y acariciar mi sexo desnudo, me hablaba de todas las posibles sesiones fotográficas, videoclips y películas en las que yo podría aparecer. En aquel entonces, una marca de pantimedias buscaba a la chica que sería su nueva imagen. Tomó algunas fotos de mis piernas, otras de cuerpo completo y las envió. Mis fotos fueron elegidas y me sentí casi tocando la fama y la gloria. Pero ese momento nunca llegó. El día anterior a mi audición hubo un zafarrancho en el burdel y terminamos, como siempre, las pobres putas en el bote.
El segundo salto, el bueno, fue además, un salto tecnológico. Entré “por la puerta grande” a la virtualidad. La modernidad inunda todos los ámbitos posibles, y así, muy pronto nos vimos todas las putas, concertando citas por email, y algunas incluso, dando servicio por webcam. En Internet, se pueden encontrar nichos perfectamente definidos, no me costó mucho hacerme de una buena clientela que apreciara además de un cuerpo bien conservado y un pubis naturalmente peludo, una tupida barba. Así que decidí no ocultarla más. Si les interesan mis servicios o conocer detalles de mis encuentros, pueden seguirme en Twitter, mi nick es @Barbarella.
lunes, 11 de enero de 2010
Agudeza
jueves, 31 de diciembre de 2009
Posdata
lunes, 31 de agosto de 2009
Mi sangre
La mujer le indicó que entrara a un cubículo, ahí una enfermera, entabló con él una breve plática mientras colocaba las "arterias de plástico que mías no son". Veía su sangre fluir hacia afuera.
No podía permitirse el vértigo o alguna clase de nausea. No ahora, no cuando su pequeña debía recibir esa sangre en una transfusión programada una hora más tarde.
Los médicos, ya ni intentaban buscar venas en sus pequeños bracitos, se fueron directo al cuello con un cateter. Si eso suena difícil en cualquier persona, imaginenlo en una pequeña de tres meses.
La enfermera, por fin terminó y colocó la sangre en un contenedor térmico. Él salió del cubículo y buscó a la mujer que lo había conducido hasta ese laboratorio. No aparecía por ninguna parte. El tiempo pasaba, y la angustia crecía. Afuera, una lluvia pertinaz aumentaba la tensión del momento.
Y la mujer sin aparecer.
Desesperado, débil, comenzó a correr hasta el hospital, no podía perder más tiempo. La lluvia, la noche en contra; la necesidad de llegar, la esperanza a favor.
Así es mi sangre, nada nos detiene.
Cuánto tiempo, qué distancia, no es importante. Lo importante de esta historia es que es totalmente real, y que no he dejado de llorar al escribirla.
Los quiero Alex's.
lunes, 11 de mayo de 2009
Traumas de la niñez
~gato se revuelca de risa en el piso, pero bajito para no despertar a las rumis~
miércoles, 22 de abril de 2009
GPS
La primera, con Nicolas Cage, iba bien, pero ya luego chafeo de terrible manera. Como que ya no hay finales posibles para eso del fin del mundo, más que el fin. Está chido que si tanto cacaraquean que se va a acabar, se acabe y punto, pero bueh, el cliché del final fue totalmente innecesario.
¿Y qué puedo decir de Rápido y Furioso que no suene como una invitación de connotación setsual para Vin Diesel mientras lo veo en un sillón de piel con una camisa de terciopelo rojo en mi nuevo wallpaper?
Ok, me voy con mis sueños húmedos a dormir.

GRRRRRRRR
Ahh si pero la onda era lo de los GPS, se me hizo curioso que en ambas películas, estos aparatejos tuvieran algo que ver. Ya iba yo a decir que quiero uno cuando me acordé que a) no manejo y b) es posible que también terminara en la lavadora. JA.
lunes, 23 de febrero de 2009
Soy lo más cercano a Wolverine que conocerán en sus vidas
Una vez que logré evadir con harta gracia y estilo el boquetote que está enfrente de la Embajada Rusa, (cómo no pregunté si había ensaladas para llevar) me decidí a echarle una miradita al rasguño, cual va siedo mi sorpresa que tenía un boquete semejante, ahí si para llevar, puesto en mi manita.
El dolor era mínimo, en esos momentos puse en acción mis conocimientos sobre primeros auxilios: busqué en mi bolsa una bandita de dinosaurios desas que compré en el Waldo´s Mart, pero no traía ninguna. Vale madre -pensé. Acto seguido, levanté la mano para detener un poco el sangrado y me fui caminando así, con la mano levantada. Los automovilistas pensaban que me despedía de ellos o pedía taxi. Alguno que otro habrá distinguido un asomo de señal budista.
Irremediablemente tendría que ponerme la vacuna del tétanos. pffffffff Y así lo hice, todavía me duele mi nalga. snif. Y en un mes regreso por el refuerzo.
Como yo sé que toda historia es más entretenida con fotos, ahí les van, la prueba irrefutable de que mi cicatrización es digna de cualquier cualidad mutante:
La del jueves a medio día
Fresquecita, fresquecita...
si gusta usted puede dar clic a las fotos para verlas a detalle
la sangre empezaba a formar una costra bastante bonita.
pueden decir ohhhhh!
El boquete está casi cerrado, la costra en su máximo esplendor y las orillas de la herida, se ven de un saludable color "estoy cicatrizando en infinitum"
¿No que no?
sábado, 1 de noviembre de 2008
yo quería mi carnetttt
El caso es que el primer día ahí fue largo, tuve que sacar un papelito que decía que efectivamente tenía derecho a que me atendieran y cuando pregunté dónde podía sacar mi carnettt, me dijeron que nel, carnettt sólo los que se iban a especialidad. Buuuu. El primer médico que me atendió, apenas despegaba los ojos del teclado de su olivetti en el que escribía apresurado y usando cuatro dedos que era yo una fémina de 28 años que refería dolor en no sé qué más...
Me mando a hacer unas calaveritas, de las que ya les platiqué acá y ya, el segundo día fue mi papi a sacar la cita para la radiografía y al tercer día fui yo a tomármelas. El cuarto día fue mi mami a sacar ficha para consulta en la tarde y no hubo, y como yo tenía engorrosas reuniones de trabajo todas las mañanas siguientes, fue hasta una semana despues que me apersoné yo mesma y salí mandando a la riata a todos porque siendo las siete de la madrugada, me querían dar ficha para las dos de la tarde. pfffff.
El quinto día fui a las seis y media y me dieron ficha 22 consultorio 4 o 5 nunca lo recordé y terminé pasando hasta las dos, ja! ahora sí por pendeja. Mientras yo veía dónde había quedado mi "vigencia de derechos" varios enfermeritos me dijeron "señora" cosa que no les constaba por lo que iracunda decía "señorita, dónde me ves el chamaco" luego entonces voltee a verme a mí misma, en pants, tenis y con mi playera de la selección nacional, que ok, pudo prestarse para la confusión y ya no me sulfuré. Bueno, no tanto.
Luego, el amable señor del archivo me hizo ver mi grave error al confundir un cuatro con un cinco y luego de mi atenta solicitud de que me asignara un nuevo consultorio, pues sólo quería mi revisión y largarme a trabajar, accedió.
Me tocó entonces formarme en la fila para pasar al chequeo (existirá esa palabra?) de los signos vitales. Entonces un individuo de esos posmo, empezó a vociferar que ya era no sé que hora y que luego los médicos lo llaman a uno y los enfermeritos no han terminado de pasar a todos. Ssste pendejo, pensé. Y al fin, ya pasamos. Tenía la presión baja pues por estar terminando de leer Memoria y Olvido de Juan José Arreola, ni había ido a desayunar, y pesé la horrorosa cantidad de dos kilos más de lo que dice mi báscula de la casa.
Total que paso de nuevo a la sala de espera y me encuentro a una vecina, platico poquito porque casi en seguida me llaman, el amable señor del archivo me había intercalado antes de la ficha tres del consultorio doss, y adivinen de quién era la ficha tres. Adivinaron! del señor posmo y quejoso.
Y armó un zafarrancho, se fue a quejar primero con los del Archivo y no sé quienes más porque llegó hasta el consultorio la amable Directora de la unidad y le preguntó qué onda al médico, quien raudo y veloz se lavó las manos, por lo que yo proseguí a echar mi choro, agregando que no tengo problema en que el señor pase primero. Ella me dice, no te preocupes, trae una ficha y quiere dos consultas, por ahí nos lo vamos a agarrar.
El médico sigue interrogándome y yo contándole como me truenan hasta las rodillas y demás cuando regresa la Directora y me dice, le dije que venías de urgencia y que estás embarazada, porque no dejaba de alegar. Entonces me acordé que mi vecina estaba ahí afuera y ya me veía yo llegando a mi casa con media docena de vecinas preguntando cuando era el beibichoguer y sí, me dio frío, pero ni modo, eso me pasa por ponerme la playera de la selección.
El caso es que el médico me diagnosticó una rimbombante Lumbalgia postraumática + Escoliasis hizo mi pase directo a ortopedia y adivinen qué, con eso iba a tener mi tan ansiado carnetttt, pero en ese momento estaba tan bajoneada que ni eso quería. Lloré todo el camino a mi casa nomás porque tenía ganas de llorar y sentía re feo, porque eso del diagnóstico sonaba re feo.
Pero al fin tenía mi carnettt, aunque eso no era consuelo.
Al siguente día, que fue bastante rápido, fui a sacar mi cita al Hospital, donde contrario a lo que dice la leyenda, me la dieron para el siguiente sábado. O sea hoy. Lo único malo, es que hoy también tenía un importante examen para un trabajo y sí, me la Edson Arantes do Nascimento. Nuevamente la depresión me hizo su presa y mientras fuí a sacar la fotocopia de mi pase para el archivo solté las de cocodrilo, porque de no tomar esta cita, me la darían, para abril o para mayo. Cosa para mí difícil de aceptar, y también de decidir.
Pero decidí por mí salud. Así, hoy fui a consulta con el Especialista en Ortopedia, quien me vio, me preguntó si tenía dolor, me hizo caminar de puntitas y de talones en el piso frío, doblarme y hacer varias flexiones mientras oía crujir mi esqueleto, para terminar diciendo que con que haga ejercicio para fortalecer los músculos de abdómen y espalda estaré bien, y que si quiero, nade un poco o camine dentro de un alberca, pero que nada de correr o brincar.
Tsss, brincar, justo lo que estuve haciendo ayer en el concierto de A77AQUE.
El caso es que luego de todo esto, en ningún trámite me han pedido el dichoso carnetttt.
domingo, 6 de julio de 2008
sálvenme de batman
Sálvenme de Batman
Conocí a Luis en una de esas tardes de lluvia, él se guarecía en la misma parada de autobús que yo. Conocer gente que contactas por Internet, te da ciertas habilidades para obtener información. Parados ahí, en ese pequeño espacio donde apenas se mojaban un poco nuestros pies, hubo bastante acercamiento, me gustó su forma segura de hablar y la confianza de sus movimientos. Intercambiamos tarjetas de presentación y dos semanas después me invitó un café. Un mes más tarde, nos vimos en una presentación literaria y al siguiente sábado, fuimos al cine.
Al salir, llovía otra vez y no hubo ninguna parada de autobús salvadora. Para cuando tomamos un taxi ya estabamos empapados; su argumento fue convincente, con la ropa así de mojada me resfriaría mucho antes de llegar a mi casa, la suya en cambio, quedaba muy cerca y podíamos pasar a secarnos un poco.
No voy a negarlo, sabía que efectivamente nos secaríamos un poco, si nos quitabamos la ropa, y eso significaba también que difícilmente nos la volveríamos a poner.
Llegamos y tan pronto me quité el abrigo, cada prenda le siguió en el improvisado tendedero del piso. Cuatro horas más tarde, el frío en mi espalda me despertó, por el balcón abierto entraba una corriente de aire helado que hacía ondear las cortinas. Curiosamente, estaba sola en la cama.
Me vestí y salí de la habitación, la casa era bastante grande, así que deambulé por ahí durante varios minutos sin encontrar a nadie. Fue entonces cuando un resplandor por debajo de una puerta llamó mi atención, avancé cautelosamente, y pegando la oreja en la puerta pude escuchar su voz...
Batman es un personaje ficticio de DC Comics que tuvo su primera aparición en el número 27 del comic book Detective Comics en la historia titulada El extraño caso del sindicato químico, de la editorial estadounidense National Publications, fechado en mayo de 1939. Batman fue creado por el artista Bob Kane y el escritor Bill Finger, aunque sólo se reconoce oficialmente la autoría a Kane. La identidad secreta de Batman es Bruce Wayne (Bruno Díaz en algunos países de habla hispana), un multimillonario industrial, playboy y filántropo. El presenciar el asesinato de sus padres, de niño, lo llevó a entrenarse a la cima de la perfección tanto física como mentalmente, para luchar contra el crimen (disfrazado de murciélago). A diferencia de muchos superhéroes, no posee superpoderes o habilidades metahumanas; él usa el intelecto, sus talentos detectivescos, la ciencia y tecnología, el entrenamiento físico, la intimidación y su riqueza, en su lucha contra el crimen...
Con esas últimas palabras, su voz se escuchaba más cerca de la puerta, así que retrocedí, supongo que vio mi sombra y entonces, la puerta se abrió de golpe, dentro vi un enorme panel de televisores que transmitían imágenes de un videojuego del mentado murciélago , luego, sorpresivamente, apareció él en el quicio de la puerta, fijó en mí su mirada enloquecida y avanzó mientras repetía freneticamente las palabras que ya le había escuchado decir.
Supe que de mis piernas dependería mi sobrevivencia, así que en una carrera desenfrenada en los pasillos de esa casa que apenas conocía y con su dueño pisandome los talones, derribé cuanto pude para taparle el paso, hasta que logré salir a la calle.
Supongo que no me siguió porque no quiso exponerse así, como estaba vestido.... con su pijama de batman.
lunes, 24 de diciembre de 2007
kill phone
La imagen de ti, caminando hacia la escena, mirando entre los biombos, vino a mí como dentro de un sueño. Saberme observada, me erizo la piel, me erizó por completo...
¿quieres leer el resto? ve a Entre mujeres te veas, blog donde colaboro... a veces
viernes, 12 de octubre de 2007
Platónico
En mí, los boleros son una tradición. Los escucho desde que escucho, los recuerdo saliendo de la vieja radio de mi abuela, en la voz de mi tía que los canta tan bien mientras lava los trastes. Ahora, los colecciono en mp3. Porque no tengo más que desearlo, para que empiecen a reproducirse en mi cabeza.
Somos boleros bifurcados en una explosión de emociones demasiado intensa para sólo sentirla, tiene que salir, tiene que hacerse canción, hacerse letras, desbordarse por los poros.
Es curioso que sea un bolero y tu personal interpretación de él lo que me haya llevado tan inconscientemente a manifestar oníricamente lo que todo el mundo sabe.
Porque el bolero es el génesis de surrealidades a todas formas posibles. Y a veces, cuando la magia de la evocación es infinita, el bolero se hace sueño o yo quisiera pensar que ese sueño, es la frase más bella un bolero que aún no escribo.
