jueves, 12 de marzo de 2009

cosas que yo ya sabía... otras que no

Alguna vez leí algo que decía: no sabemos si los animales pueden pensar; lo que es cierto es que pueden sentir. ¿Sentirán la música los animales?

Yo me inclino por los gatos, como otros se inclinan por los perros. Se que esta diferencia es tan irreconciliable como la que hay entre los usuarios de Mac y PC. Me gustan los gatos fundamentalmente por elegantes y por… misteriosos. Son como pequeñas panteras que (a veces) se dejan acariciar. Alguien me dijo esta otra: Dios hizo a los gatos para que el hombre supiera lo que es acariciar a un león. Algo así.

Quienes se inclinan por los perros tienen la idea de que los gatos no son cariñosos, y que no te hacen caso. Quienes hemos convivido con éstos sabemos que tal idea es falsa. La cosa es hallarles el modo.

Lua llegó conmigo a mediados de septiembre del 2006. Un día antes yo había tocado en el foro Alicia con los Jaguares, para celebrar su décimo aniversario. Lua tenía apenas dos meses y yo dos años ya sin tener gatos. Fue su color, gris oscuro, el que me hizo llamarla Lua, que es luna en portugués.

Como suele suceder con mis gatos, pronto Lua encontró el camino al estudio. Al principio, como estaba chiquita, se dedicaba a morder mis cables, a tirar mis discos, a mordisquear mis zapatos. Yo la ignoraba. Solo cuando era mucho su desmadre pegaba un grito que la hacía salir huyendo en alta velocidad. Después se acostumbró. Solía entrar por la ventana, la cual yo tenía que abrirle pacientemente cuando me maullaba. Luego se acurrucaba cerca de mí.

Y ahí estuvo horas, oyéndome hacer las canciones de Providencia: repetir una vuelta de acordes setecientas veces, quedarme media hora viendo por la ventana…actividades sin sentido práctico alguno. Pero confirmó lo que ya había vivido con mis gatos anteriores: los felinos son animales musicales, están equipados para ello.

El día que finalmente llegaron los discos terminados, brillositos en su envoltura de celofán, me di cuenta que Lua no andaba por la casa. Solía darse sus roles nocturnos que a veces duraban días (otra cosa que me gusta de los gatos). Luego aparecía por ahí como si nada y, exhausta de su reventón, se dormía encima de mí.

Pero esta vez parecía algo distinto. Para empezar, a mi mismo me extrañaba su ausencia. Al día siguiente tampoco la vi. Esa noche estaba anunciado un eclipse lunar. Nos acordamos y salimos a verlo. Cuando la luna se ensombreció totalmente, supe que Lua no iba a volver. Estuvo aquí sólo por Providencia.

Lua lua lua lua
Por um momento meu canto contigo compactuar....

José Manuel Aguilera.
Anden visiten la nueva página Web de LB.

3 comentarios:

Brujísima dijo...

AY, QUE BONITOOO!!


Me encantaron sus letras, sniff!!!

gatooooo!!


Hola!!

l u dijo...

Me pareció una anécdota encantandora y enigmática, digna de sus protagonistas. Por eso no dudé en compartirla.

Malinkita dijo...

Sabes, siempre he sido amante de los perros. Me encanta su docilidad, su compañía, tengo anécdotas hermosas con ellos pero no creo que te interesen :)

En fin, desde hace 3 años vivo con 3 gatos y al principio los odiaba con toda el alma, nunca las dejaba que se me acercaran; pero lo seguían intentando, hasta que se ganaron mi cariño. Ahora las adoro y a pesar de seguir amando a los perros, ellas no me incomodan en lo más mínimo y de hecho me molesta cuando las maltratan(assholes), son mis hijitas lindas ^^