jueves, 18 de diciembre de 2008

totalmente de acuerdo


El otro día platicaba con mi rumi esa gran contradicción de mi vida:
todo mi trabajo está orientado a los adolescentes, pero no los soporto cuando hacen ruido a mi alrededor, jajajaja

Keanu... (inserte suspirotototote)


Iba ayer a ver El día que se detuvo la tierra pero luego ya no , entonces hoy iba a ver Vicky Cristina Barcelona, pero mejor veo la primera, total, no quiero ver a Bardem porque me recuerda cosas que no son.

Y la voy a ver porque ya saben, muchos luego dicen que ¡uy, Keanu no actúa nadita! y eso, ya ven, uno siempre de crítico de cine, de crítico de arte, de crítico de vida y en estado crítico. Total.

Qué de malo tiene que una quiera ver a Keanu, nomás verlo. La historia es lo de más o lo de menos, pero vaya, la mirada de Keanu, y esa sonrisa no tiene precio. Es más, si me dijeran que en el cine van a poner un ppt con 3786 fotos de Keanu, qué creen, de todas formas iba.

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Tiene casi dos semanas que puse de alarma despertador del phone la canción de La Rosa, entonces todos los días me despierto oyendo “No hay placer sin dolor, no es amor si no lastima…” y como toda persona normal, apago la alarma y me sigo durmiendo y adivinen qué, sueño bien bonito y por eso he llegado bien tarde a trabajar, pero me vale madres. Estoy decidida a seguir soñando así de bonito y cuando esa rola ya no funcione voy a poner otra que no sea igual pero tenga el mismo efecto y van a ver, qué chulada de nena voy a ser, siempre de buenas y siempre sonriendo. He ahí mi remedio para la crisis.

domingo, 14 de diciembre de 2008

antes quel alzheimer me alcance

Me estoy acordando de hace unos días que tocó La Barranca. (las personas a mi alrededor ya me alucinan porque sigo iniciando conversaciones con esa frase) una de las rolas que más me sorprendió fue Como si Fuera Tolteca. Y es que sonó increíble. Los arreglos y toda esa densidad que adquirió la rola en ese momento fue muy cabrón, qué digo cabrón, estuvo así cabronsisimisimo. Porque además la rola tenía el violín de Cox y siento que la tocaron con todos los huevos ( y con las manos en los instrumentos, claro) no sé si fue eso o que es una de esas rolas que yo nunca había escuchado en un concierto.

La introducción que dio José Manuel fue algo más o menos así, “El nombre de esta canción es una frase que usaban los antiguos aztecas para referirse a un ideal, a un estado superior que era deseable alcanzar” Y tómenla, soltó los primeros acordes y la banda enloqueció. Bueno enloqueció la banda que conocía la rola, los otros creo que nada más la disfrutaron mucho.

La cuestión es que ahorita que escucho la rola grabada, me doy cuenta de la enorme diferencia de escucharla en vivo. Creo que no hay palabras más precisas que esas “en vivo” porque esa experiencia neta, no exagero, fue nivel supersayayin.

Qué bonito es recordar… (inserte aquí suspiro tipo Libertad Lamarque)

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Pop Corn

Me gustan mucho las palomitas. Me recuerdan mi dulce infancia y todas esas cosas que pasaron ayer o antier, y que son bonitas por si mismas.
Las palomitas son seres susceptibles. Ni creas que poniéndolas en el micro con los tres minutos que dice el empaque va a ser lo ideal para ellas. No, las palomitas son en mucho parecidas a mí, necesitan que las escuches atentamente para saber cuándo están listas para explotar y en ese momento detener todo antes que queden calcinadas. Pero por supuesto la explosión de las palomitas es lo que se busca, lo que no pasa con la mía, y por supuesto la de ellas es un mejor espectáculo que realmente le trae beneficios a la humanidad.
En cuanto a las palomitas que me llevo a la boca, yo no discrimino en nada, pero me gustan mucho las que tienen apenas un esbozo de carbonización y también las que quedan a medias dentro del grano de maíz.
Me gusta masticarlas y hacer ruiditos.
Esas cosas llanas y simples que me hacen feliz.

En noticias no felices, mi dentista me informa que tendrá que someterme a otra cirugía para sacarme una muela del juicio. Lo verdaderamente grave es que ni siquiera en el messenger con mis iconitos que hacen ojitos y cara del gato de Shrek lo he convencido de que sea mi proveedor de drogas legales. snif.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Metatexteando de nuevo...

¿Qué harías con cien balas no rastreables? Este es mi ejercicio

Amalia salía cada madrugada, con el pelo mojado y la cara lavada. El tiempo para pensar, para sentir escaseaba. Un pasado lleno de plenitud la inquietaba, cuando sus manos gráciles con el espacio y el color creaban, cuando un prometedor futuro le auguraban. Regresa a casa cansada, sin ánimo de encontrarse con la adolescente atolondrada, que cada día más le recuerda su juventud gastada. Con un breve sueño como puente, a su vida diurna se trasladaba. Otra mañana de escuela, banco, supermercado, tráfico, desesperanza. Una escala en el estanquillo la aclama, con el lápiz en los labios una combinación piensa, concentrada. Algún día un golpe de suerte la elevará en los hombros de la victoria alada. Se acabarían las quejas, los gastos, las cuentas pendientes, la vida simulada. Camina abrumada cuando una misteriosa mujer la llama. Parsimoniosamente explica una inquietante proposición que la tiene exaltada: un revolver con cien balas, una oportunidad soñada. La ansiedad de su alma resuelve en un minuto la gran encrucijada, a su trabajo se adelanta, buscando una agenda que la dueña atesoraba. Del primer disparo surge una flor roja que un pincel detalla. Con desden hojea, más de cien nombres muy conocidos encuentra. Del bolsillo saca la combinación que esa noche juega. Los números barajea, elige destinos para cada bala. La velada empieza sin la rutina ensombrecida que tanto la atormenta, la noche, la ciudad, y por fin, los pinceles la esperan. Se le ve tan viva, ilusionada, emocionada…

no soy tu fan



¿De verdad quieres que piense que nada de esto vale la pena?