
porque tu magia le da sentido a todo
porque decidiste ser lo que eres, a pesar de lo duro del camino
Lo visible oculta lo invisible, por lo tanto seguiré buscando mi centro indestructible.
Llueve. Todo el cielo. Un sí y una tímida risa fueron sus respuestas. Mis palabras sirvieron de preámbulo, pues no pude evitar soltarle esas preguntas pesadas que corroen mi alma desde hace tiempo, pero solo obtuve un gesto casi indescifrable. Una muy remota esperanza. Y una invitación a vernos pronto. Se despidió y se fue.
En uno de los sueños yo flotaba en el aire a voluntad, luego una enorme masa informe me llenaba de polen de flores negras y caía, efecto totalmente contrario al de los polvos de Campanita, tal vez sea que no hubo recuerdos felices que evocar. En otro, dentro del metro un accidente, cientos de personas salen del vagón y caminan, adelante, luego de mucho tiempo de caminar entre ratas, cucarachas y puras piedras se vislumbra la víctima sobre las vías: una salchicha. En uno más, una fila interminable de habitaciones que esperan a que yo me acerque y mire que hay en su interior, y el temor, porque sé que lo que está dentro, los adolescentes desnudos leyendo un libro, en otra, la mujer con la plancha en la palma de la mano... ya no tendrían por qué estar aquí... despierto siempre cuando me falta el aire, tomo el inhalador que el doctor me ha recetado para mis alergias y abro la ventana, me baña un rayo de luna, empapada vuelvo a la cama a revolcarme entre las sábanas y las espinas de las innumerables locuras de mis sueños.
Cada día en la oficina, los ojos se me cierran, la energía me falta, no me concentro y divago... las letras pierden sentido y mi mente se dispersa mientras un color domina mi mente, verde, colinas interminables plagadas de verdes arbustos de hojas anchas.
Otra noche, una sin luna, él entró sigiloso por la ventana, se detuvo un momento en mis ojos abiertos que miraban de fijo a los suyos, pues ya sabían que pronto llegaría. Sus pasos suenan el piso frío, pero solo cuando sabe que aún no concilio el sueño, quiere que sepa exactamente dónde está. Pienso si acaso sus plantas no se pegarán en el piso con las manchas de café, pero me doy cuenta que es imposible porque el café no se toma con azúcar.
Tiene ya tres días a mi lado, no lo he escuchado emitir un solo sonido, es atento, me espera con ansia cada que regreso, me acepta unas cuantas caricias mientras le pongo un poco de comida en el plato, y él la come sin prisas. Luego cuando me pongo a trabajar, se sienta cerca pero no se duerme como acostumbran los de su especie, está siempre atento, vigilante. Supongo que duerme mientras yo no estoy, pues nunca lo he visto dormir y si intento acurrucarlo en mi regazo da un brinco y elegantemente escapa.
Estoy convencida sin embargo de que ronronea por las noches, solo eso explicaría qué por fin puedo dormir.Sentí el peso de su cuerpo sobre mi pecho, abrí los ojos sobresaltada pero su mirada estaba más allá de mi cabeza, cazaba algo que estaba un poco por encima de mi, y saltó, por sobre mi cabeza y aferrándose a algo que había en la pared, me cubrí el rostro y para cuando voltee él ya salía corriendo por la puerta del dormitorio siguiendo la persecución.
Me levanté de un salto y fui tras él, mis pies desnudos sentían de vez en cuando la humedad de las manchas, ahora sí un tanto viscosas, un poco resbaloso, como pude llegué hasta la cocina donde él ya hacía un alboroto persiguiendo su presa, en la oscuridad total poco era lo que distinguía y accioné el interruptor de la pared repetidamente pero no sucedía nada, tal vez solo sucedía que había olvidado pagar la luz... escuchaba solamente el ruido de las cosas al chocar y caer, él estaba haciendo un alboroto total, podía escuchar pasos y sus brincos... corrí hacia la despensa buscando una encendedor, una vela, lo que fuera que pudiera alumbrar me detuve con una mano del fregadero que está a un lado de la despensa y agachada seguía buscando una fuente de luz, cuando algo viscoso rozó mis dedos, retiré mi mano en seguida y pude oírlo como se lanzaba al fondo del fregadero y atrapaba algo con la boca, en medio de una furiosa pelea de zarpazos y una vez que logró asirlo, salió corriendo a toda velocidad hacia la ventana por la que muchos días antes había llegado. Corrí tras él pero no pude más que ver su silueta saltar y escuchar sus pasos apresurados perdiéndose en la noche.
Me quedé sentada ahí en el piso, mi cuerpo temblaba. No sabía si tendría fuerza para levantarme, en realidad... tendría caso que me levantara? Él guardián de mis sueños se había ido, saltó elegantemente por la ventana.
En la mesa de noche seguía mi vaso de leche... sola, sin nada.
El lunes hizo mucho calor, no se me antojó tomar café, pero la mañana del martes estuvo un poco fría y se me antojó un cafecito. Tomé mi taza de gato azul y caminé hasta la cafetera, cuando levanté la tapa de mi taza ví una desagradable nata de moho nadando en los restos de café putrefacto que seguramente estaba ahí desde el viernes. Me dio asco, pero miré fascinada por unos segundos la formación mohosa del fondo de mi taza, hasta que me llegó a la nariz el olor del café pasado, un olor muy parecido al que el café tiene normalmente, solo un poco más mmm... no sé... algo desagradable. Pensé por un momento que esa nata era producto del café pero también un poco de los rastros de saliva, mi saliva, que quedan en la taza. Aguantándome las ganas de vomitar, fui hasta el fregadero, tiré los restos incluyendo la nata y dejé la tasa remojándose con un poco de jabón. Ya por la tarde, regresé a lavar la taza nuevamente, y como siempre, me enfadé al ver que algunos en la oficina dejan todo mojado cuando lavan sus tazas, había sobre la alfombra un rastro de agua. Decidida a increpar al descuidado seguí el rastro de agua y cuál fue mi sorpresa de que éste llegaba exactamente a mi oficina, pasaba pegadito al marco de la puerta, rodeaba el escritorio y el librero y llegaba hasta el perchero donde está mi bolsa y mi chaqueta. Llamé a la señora de la limpieza para que secara un poco la alfombra mientras yo salía a comer. Cuando regresé me dijo que había encontrado la alfombra seca, pero que había unas manchas oscuras como de café y que ya las había limpiado. Volví a colgar la bolsa y seguí trabajando normalmente.
Por la tarde fui a tomar café con unas amigas, estuvimos un buen rato, pedimos pastelitos y platicamos de todo un poco, cuando nos llevaron la cuenta, un olor a café un poco desagradable salió de mi bolsa, muy extraño, no se parecía en nada al delicioso aroma del café que acabábamos de tomar, el aroma se extendió en todo el lugar, y de pronto empezó el alboroto, las personas de las otras mesas llamaban a los meseros, su café de pronto sabía mal, hubo quienes al tomar un sorbo, lo escupieron sobre sus acompañantes… Nosotras pagamos y salimos de ahí antes que la cosa se pusiera más fea…
Me dirigí a casa y al sacar las llaves, el desagradable aroma regreso, mi bolsa de terciopelo negro de algún modo se había ensuciado con el resto de café en la oficina, pero no sé cómo.
Le di vuelta a todas las cosas sobre la cama, llaves, maquillaje, cartera, cepillo del cabello, celular, todo quedó ahí, el aroma persistía, arrojé la bolsa de terciopelo al cesto de ropa sucia. Limpié cada cosa y la metí en una bolsa de piel. Prendí la laptop y trabajé un rato, el aroma me quitó las ganas de tomarme un café. Antes de irme a dormir tomé un baño.
Hasta allá me siguió el aroma extraño a café que sentí desde la oficina, tal vez un poco intensificado por el vapor del baño. Ese día dormí mal, sueños extraños de los que despertaba con una sensación de opresión, no recordaba nada del sueño, nada. En la mañana, cuando fui a la cocina a prepararme un café me llevé otra desagradable sorpresa, el café que tenía en el refrigerador olía mal, no me quedó más remedio que tirarlo.
Toda la semana el departamento olió así, supongo que por la mancha en mi bolsa, pero no podía ir a la lavandería hasta el sábado. Toda la semana tuve sueños extraños, tipo película de los cuarentas de monstruo que persigue a chica, algunas veces más nítidos que otras, pura sensación desagradable. Cuando llegó el sábado, pude por fin lavar mi bolsa. Al regresar, en la escalera, me encontré a la señora que asea los departamentos. Me comentó que le había costado mucho trabajo limpiar las manchas de café en el piso, le pregunté que cuáles manchas y me dijo que había encontrado el departamento todo lleno de manchas de café, como si yo me hubiera paseado con un vaso roto por todo el lugar, me dijo también que ya no comprara de ese café, que olía muy mal y que además daban los vasos rotos.
De eso ya tiene tres meses, el desagradable olor a café no se ha ido, yo sigo durmiendo mal, la señora se hartó y ya no me limpia el departamento, hay manchas de café por todas partes.
El conductismo, a grosso modo es una corriente psicológica que afirma que por medio de un entrenamiento o programación es posible lograr que, a un determinado estímulo, corresponda una determinada respuesta. Uno piensa que eso es una soberana mamada, lo piensa si sabe poco o mucho de conductismo, o si apenas se acaba de enterar, lo piensa porque, por supuesto, siendo un pensador humanista, el hecho de hacer predecible al ser humano le asquea.
Bueno, pues gran parte de los mensajes que recibimos son puramente conductistas, de hecho, en comunicación y en educación es lo que mejor funciona.
Ahora, que tal si usted está en una sala de cine, mirando una historia que lo tiene cautivado y en una de esas escenas, el guapo escritor con el que por supuesto ha entablado una relación de total empatía e identificación, es notificado de una tragedia, y en medio de su dolor y turbación, (momento en el que, usted espectador, aún intenta a toda costa la contención de sus emociones) se dirige a su piano y empieza a tocar una hermosísima sonata que desde el primer acorde activa esa implacable sensación que se detona en un momento dejándolo a merced de un cúmulo de emociones que se desbordan… ¿qué pasa si, en ese preciso momento, ese otro personaje a quien usted prejuzgó duramente desde el principio, y que de unas escenas para acá lo ha hecho dudar, dirige su mirada sin ver directamente a usted, sí usted espectador que está cómodamente sentado en su butaca, qué pasa si en ese momento, UNA LÁGRIMA, en un perfecto ejercicio de sincronización corre por las mejillas de usted conmovido espectador y del personaje que prejuzgó, dando metafóricamente la impresión de estarse viendo en un espejo?
Diría usted que es conductismo?
U opinaría como yo, que a eso es precisamente a lo que se le llama ARTE?
Bueno pues sea que su opinión se incline a cualquier lado, le sugiero vea
No es sólo una historia perfectamente documentada y ambientada sobre el socialismo alemán y el derribamiento del muro, o la historia de un hombre brillante comprometido con su arte, que hace todo lo posible e imposible, lo legal y lo ilegal para expresarse; o la historia de un hombre gris comprometido con su trabajo, que hace todo lo posible e imposible, lo legal y lo ilegal para que su más grande ideal prevalezca. Es todo eso y muchas, muchas más emociones, como lo que le espera al final.
¿Verdad que después de algo así se puede pensar todavía en